PRIMERA CITA

Con luz propia, llegaste en plena curva con media sonrisa alumbrada por el faro de tus ojos. Con luz propia, cualquier taberna miserable hubiera servido los manjares más exquisitos para el paladar de tu boca. Con luz propia, fuiste el faro de la banda sonora de un café a media tarde bajo el suspiro de un saxofón. Con luz propia, cualquier fortaleza amurallada se hubiera sentido débil al movimiento de tus caderas en tus andares. Con luz propia, esa tarde las flores de la Alameda bajo el manto de aguas azules hubieran saltado al precipicio de tus encantos. Con luz propia, una voz al oído susurrando algo tan sencillo cómo “Me voy que me conozco” fue suficiente para alumbrar la noche, de las que hacen que merezca la pena, Vivir lo vivido. P.D: Que no me entere que alguien apaguen la luz.

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